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Cuento

Mensaje editado por:

Van

 


Publicado: Vie Mar 03, 2006 3:13 pm Asunto: Cuento
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Durante gran periodo de tiempo, estuvo sin conversar, nadie sabia lo que le pasaba, tan preocupado estaba que se olvidó de comer, nunca se le ocurrió que su novia pudiera ser aquello, un ser tan raro, algo que solo había vivido en el en su mente, en la mente de las personas, nunca lo podría haber imaginado, no quiso creerlo cuando ella se lo dijo, solo quedaban dos semanas para la boda, y le estaba contando que era una inmortal, como digerir aquella confesión?. Las dudas le roían el alma, ahora entendía porque ella, era como era.

Se apartó del resto de la humanidad, quería reflexionar sobre lo que debía hacer, empezó a recordar aquel encuentro rayando el alba, en aquel bosque apartado de la ciudad que se le antojó fantástico.
Había estado bebiendo bastante, estaba harto de su vida, de la familia, de las costumbres arcaicas que debía seguir, del protocolo al que estaba asqueadamente acostumbrado; después de dejar su coche en la cuneta, empezó a andar para que se le pasara el mareo, se adentro en el bosque, todavía estaba muy oscuro, no veía bien ni por donde iba, y creyó que al volver no sería capaz de encontrar el coche. Aún con este pensamiento siguió caminando, llego a un claro del bosque, pequeño pero lleno de hierba y flores, entre los árboles, pudo ver otro claro igual que aquel, veía bastante bien porque la noche era clara gracias a la luz de la luna llena. De repente se quedo paralizado, atónito por la imagen que vislumbraba, a lo lejos en medio de aquel prado se intuía una figura humana, y en seguida se dio cuenta que era una figura femenina. Empezó a temblar, la piel se le erizaba desde los pies hasta la nuca, se restregó los ojos para ver mejor, intentó andar pero no podía, estaba paralizado de las piernas y no le respondían, respiró profundamente y siguió mirando, la luz de la luna ahora daba de lleno en medio del prado y podía ver mejor aquella escultura, llego a pensar que lo era, una escultura en medio de un prado, quien la podría haber dejado allí, pero sus ojos se acostumbraron mejor a la penumbra y vio que era una persona, pues jugaba con una florecilla, estaba sentada en medio de la hierba y las flores, llevaba un vestido muy largo y blanco, era de una tela como de gasa, tenia los hombros descubiertos, y eran del color de la luz de la luna, igual que su rostro, y su cabello largo y ondulado era del color del cobre, lo llevaba parcialmente recogido pero a sus hombros llegaban unos mechones de aquel cabello rizado a la brisa de la noche. No supo cuanto tiempo paso, mientras admiraba aquella belleza casi de mármol, solo supo que empezaba a amanecer, por lo visto ella también se dio cuenta, porque miro hacia el cielo y al ver la luz que empezaba a aparecer, se levantó. Entonces él pudo ver que el vestido dejaba intuir las formas de la mujer, tenía unas curvas perfectas, al menos a sus ojos le parecieron las más bellas que jamás había visto. Ella empezó a caminar y se perdió en el bosque, cuando él ya casi no podía seguirla con la vista, recuperó la movilidad y corrió en su busca. Quería saber quien era aquella mujer, estaba tan ensimismado en alcanzarla que no se daba cuenta que se estaba rasgando toda la ropa, con las ramas de los árboles, se hizo sangre por todo el cuerpo, cada vez estaba más cansado y más herido, ella andaba deprisa pero grácil mente, se notaba que conocía el camino que debía seguir.

Cayó extenuado, una rama le había cortado profundamente el muslo y un brazo, y había caído en medio de una zarza, empezó a llorar, al ver que no podía seguirla, lloraba de angustia y rabia, nunca había sentido nada igual, quería encontrarla como fuera, pero ya no la veía y empezó a amanecer, y a él se le nublaban los ojos, y pronto perdió el sentido. No sabía cuanto tiempo había
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Vivir la vida HOY, puede que no haya un MAÑANA

Van

 

 

 
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