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Definición. Técnica de diagnostico de enfermedades (no curativa) basada en la observación del iris (parte coloreada del ojo humano que consta de 28,000 terminaciones de nervios, todos conectados al cerebro a través del hipotálamo) mediante una lente de aumento. El sustento básico de esta técnica es el hecho de que cada persona tiene su propia estructura o diseño de iris. Esta técnica de diagnóstico muy detallada que revela estados neurológicos, químicos, orgánicos y estructurales ha sido practicada por los médicos chinos desde hace más de diez siglos y se considera sumamente útil para la detección precoz de enfermedades. El análisis del iris puede revelar debilidades y fortalezas genéticas, zonas congestionadas o irritadas y las interacciones entre los distintos sistemas corporales. La iridología es considerada como una disciplina de diagnóstico eficaz, inofensiva, no invasora y de bajo costo. Se considera que al observar el iris la constitución genética básica de los pacientes puede ser reflejada rápidamente. Existen tres colores principales de iris: marrón azul y gris. Los ojos azules tienen una constitución linfática, los marrones hematogenitas, los de color avellana biliar, etc. Características de los principales tipos de constitución genética: Constitución linfática. Considerada como más propensa a condiciones inflamatorias de las articulaciones, alergias y desórdenes respiratorios y de la piel. Nombrada de esta manera porque tiene una inclinación genética a la sobreproducción de células linfáticas (las cuales reaccionan a irritaciones, y tienden a la acumulación de secreciones mucosas). Esta hiperactividad se manifiesta como irritaciones adenoides glándulas linfáticas inflamadas, apéndice irritado, acné, resequedad de la piel, caspa, asma, tos crónica, sinusitis, diarrea, artritis, irritaciones del ojo, retención de líquido, y descargas vaginales. Constitución hematogenita. Propensa a la anemia, enfermedades de la sangre (como la hepatitis), artritis, desórdenes digestivos con producciones enzimáticas bajas, las cuales se pueden manifestar como intolerancias a la leche de vaca, constipación, úlceras, desórdenes circulatorios y autointoxificación. Constitución biliar. Este tipo de constitución es propensa al hígado, vesícula biliar, conducto biliar y desórdenes pancreáticos, enfermedades de la sangre, diabetes, constipación, colitis y otros. Constitución hidrogénica. Es propensa a todas las tendencias y condiciones de la constitución linfática pero disminuyendo la inmunidad y afectando las membranas mucosas y sinoviales (disminuyen su función eficiente). Es más propensa al reumatismo agudo infecciones bacteriales, desintoxicación pobre del hígado con retención de líquido y toxinas. Constitución neurogénica. Este tipo de constitución
tiene una tendencia a abusar de su fortaleza natural, tendiendo a desórdenes
nerviosos, desórdenes funcionales de los órganos vitales,
y desórdenes hormonales.
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